A excepción de España y otros países europeos, las ventas de la prensa tradicional han descendido debido al retroceso de la difusión, la perdida de parte del mercado publicitario, el descenso de los lectores jóvenes y la disminución de la influencia de la prensa frente a otros medios de comunicación. El aumento de la producción, distribución y del precio del papel (Albornoz, 2003) han achicado el espacio que este medio de comunicación supo explotar durante décadas. Pero la aparición de otros medios de comunicación y la velocidad constante que actualmente requieren los flujos de información, le hicieron ir perdiendo terreno. Un negocio que se sostiene desde la venta de ejemplares y la venta del espacio publicitario genera un círculo vicioso difícil de escapar que achica los números de este mercado y es la aparición y madurez de Internet la que de alguna manera trastoca su modelo de negocios tradicional y pasa a presentarse no solo como una alternativa de negocios, sino como un problema a resolver que garantice sus índices de rentabilidad.
Las primeras experiencias en la red apuntaron a una selección de noticias de interés, achicando sustancialmente la oferta tradicional, apuntando a la convergencia entre los formatos. No eran muchos todavía los internautas, y no se llegaba a plantear como un nicho de mercado a tener en cuenta, sino más que nada, como una presencia obligada que permitía enviarle un mensaje de modernidad y vanguardia al conjunto de sus lectores. Pero el aumento de la conectividad a Internet propuso sacarlo del espacio marginal en el que se encontraba, apuntando al desarrollo del periódico electrónico. Muchas veces como insumos de proveedores de conexión, como herramienta de trabajo y medio de comunicación genuino, como un añadido a otra actividad central, convergiendo con portales. Se personaliza el medio, con más autonomía, ingresos de publicidad y editor en exclusiva, aún sin saber las dimensiones reales que podía llegar a poseer este nicho. La crisis de las empresas de Internet de principios de esta década vuelve a plantear un nuevo interrogante acerca de las posibilidades reales de la prensa online, moviéndose en la tensión permanente entre una nueva oportunidad de negocio y el temor de poder canibalizar su propio producto gráfico editorial.
La incógnita de su futuro estará marcada por su posible diversificación y en el cobro del acceso. La posibilidad que ofrece el nuevo medio de ampliar los contenidos, ofertar servicios y generar alianzas nacionales e internacionales que garanticen mayor visibilidad, todavía se esta discutiendo. Del mismo modo, la posibilidad de cobrar por los accesos, situación a la que me referiré más adelante. Todos están a la espera de la aparición de un modelo de negocio estable. Si bien presenta grandes ventajas desde el punto de vista económico, el producir online no les libera de seguir haciéndolo en impreso, además que se obliga a poseer una plantilla de profesionales propia, el jugar en este nuevo escenario, también requiere de cierta inversión, especialización y dedicación.
El modelo de negocio se debate entre la venta de contenidos, de publicidad y de artículos y subvenciones. La mayoría de los que intentaron cobrar (El País, The New York Times) han fracasado, aún ampliando su oferta y apuntando a la convergencia. Casi todos estos modelos de pago, se apoyan fuertemente en una cartera de productos infinitamente superior a la prensa gráfica, transformándose en verdaderas agencias de noticias, brindando la posibilidad de acceso a prensa internacional, artículos científicos, bibliotecas universitarias, canales de televisión y radio por Internet, etc. Aunque todavía no logran generar la necesidad a esta abundancia informativa. The Wall Street Journal se cuenta entre las excepciones al fracaso, quizás por las características de sus contenidos, con mayor preponderancia al tiempo real. Este caso está inspirando y animando a la prensa especializada, como la financiera, que dadas sus características y la preponderancia que adquiere la velocidad y cambios repentinos, en escenarios tan dinámicos como las bolsas de valores, con este medio de pago, pueden ofrecer un producto que hace frente a una necesidad real del mercado, de contar con información continua durante toda la jornada.
Las características del consumidor todavía no quedan claras. La gran mayoría sigue pensando en la relevancia del papel, otros muchos que si bien la utilizan, no queda claro que estuvieran dispuestos a pagarlo. Basta prestar atención al escasísimo número de suscriptores que poseen periódicos como El País. La alternativa de convergencia con otros medios, genera un modelo monopolístico en el cual solo los grandes mutimedios pueden participar, ofertando una plataforma integral que va desde televisión y radio hasta formación online y conexión a Internet. La preponderancia del papel no se discute, lo que si se discute es el periódico virtual como problema, que no canibalice a la actividad tradicional, que madure lo suficiente para poder cobrarlo.
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